Gente que se enfada con la dieta PALEO (y mete la pata)

Tenía que pasar. La dieta PALEO se convierte en un fenómeno creciente y, acto seguido, empiezan a arreciar las críticas. Muchos de quienes han optado por comer de acuerdo con (todos o algunos de) los principios de esta dieta tienen que lidiar habitualmente con comentarios jocoso-faltones sobre las dificultades de encontrar carne de mamut; por no hablar de esas baterías de interrogatorios que te obligan a estudiar química orgánica antes de cenar para poder explicar por qué comes todas esas grasas y encima adelgazas. Paradójicamentemente, estos escrutinios no tienen que aguantarlos quienes desayunan Donuts con Cola-Cao o beben Coca-Cola con su BigMac (este divertido post de Pelomoderna hace un resumen bastante completito de las suspicacias habituales).

En cierto modo, esto es bueno. Toda esta presión mediática y (a veces) académica sobre la dieta PALEO ha hecho que muchos de sus principios nutricionales reciban una atención científica abrumadora. Lo interesante es que los pilares de la dieta PALEO están aguantando estos embates y algunas de sus rarezas empiezan a convencer a un número mayor de científicos: no es que la dieta PALEO sea milagrosa, sino que reúne un buen número de recomendaciones que son saludables en cualquier corriente nutricional independientementee de cómo se llame.
No obstante, los ataques siguen llegando y algunos merecen ser desmontados.

La dieta PALEO y las caries

Uno de los más airados fue un artículo reciente de Ganesh Raj en la web neozelandesa Stuff.co.nz. En realidad, puede que el artículo no fuera de Ganesh Raj. Al parecer, este ácido crítico gastronómico podría haber estado plagiando contenidos y la web ha optado por borrar todos los artículos de su columna: Crimes against foodCrímenes contra la comida—. Por este motivo no podemos enlazar aquel furibundo texto de Raj, pero intentaremos resumir la letra y el espíritu. Raj acababa de enterarse de que una investigación británica había encontrado caries en mandíbulas paleolíticas de un yacimiento marroquí (este artículo en el HuffPost habla de lo mismo en tono parecido). Raj parecía ufano al destaparse que una de las evidencias que sostienen la paleodieta parecía tambalearse. Como sabéis, la dieta paleo suele recordar que nuestros ancestros cazadores-recolectores del paleolítico tenían mejor salud dental que nuestros ancestros agricultores del neolítico (ver). Así que Raj consideraba que el asunto estaba zanjado: la moda de la paleodieta y sus críticas a los carbohidratos quedaban doblegadas porque, sí, en una gruta marroquí un grupo iberomaurisiense empezó a sufrir caries antes de lo que se pensaba, tal y como demuestran las mandíbulas halladas.

Lo que realmente dice el estudio

Por desgracia, parece que Raj no leyó todo el estudio y lo excepcional del descubrimiento se le escapó. Parece que los habitantes de la Cueva de las Palomas, donde aparecieron las mandíbulas, se pasaron con las bellotas de encina y los piñones, dos frutos demasiado ricos en carbohidratos fermentables, perfectos para las bacterias que erosionan los dientes. Para colmo, tienen una textura algo pegajosa que se adhiere fácilmente a los dientes —también parece que comían enebro, pistachos y, oh, legumbres y avena, dos de los alimentos desaconsejados por la paleodieta moderna—. Incluso parece que pudieron establecer algún tipo de recolección sistemática, almacenaje para la maduración y molienda de estos frutos, lo que desembocó en cierto sendentarismo, lo cual contribuyó a facilitar el contagio de bacterias cariogéncias. ¿Ya habéis pillado el patinazo de Raj?

En efecto, cuando un grupo de población del paleolítico se alejó de la dieta y el estilo de vida paleo, empezaron sus problemas y lo que parecía una crítica a la dieta paleo, resultó ser en realidad un argumento más a su favor.

El estudio malinterpretado por Raj recuerda que la prevalencia de caries en poblaciones agrícolas llega al 48 por ciento mientras se queda en 14 por ciento entre cazadores-recolectores. Lo novedoso del hallazgo es que esta constatación puede establecerse unos miles de años antes de lo que se creía. Esto es apasionante para la paleoantropología, pero indiferente para tu salud bucodental.

El aviso de quienes nos interesamos por algunos aspectos de la dieta paleo actual sigue siendo el mismo: demasiados carbohidratos equivocados, combinados con sedentarismo pueden ser un problema para tus arterias, para tus neuronas… y también para tus dientes. Hoy y en el mesolítico.

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