La vomitiva realidad sobre la fiebre del crossfit [HUMOR]

La gente de CollegeHumor, uno de los canales de humor más mordaces de YouTube, le ha hincado el diente a uno de los fenómenos deportivos más expansivos de los últimos tiempos: ¡el crossfit! El resultado es un divertido, gamberro y algo escatológico vídeo con muy mala baba (literalmente) y, por qué no decirlo, bastante puntería.

El vídeo incide con guasa en esa —¿exagerada?— idea de que es normal acabar el WOD echando hasta la primera papilla. Aunque quizá, la parte más saludable de la parodia es la cachondísima mención al vicio de instagramear cada burpee, cada kettlebell swing y cada puñetero muscle up que se logra en cada maldito box del planeta.

Vale, es exagerado, como cualquier buena caricatura, pero ¿puede servir de ácida y sana crítica para que no nos tomemos demasiado en serio a nosotros mismos? Los más crossfiteros, ¿creéis que sois demasiado plastas? ¿Lleváis al extremo el mandato de ‘hablar siempre del crossfit‘? ¿Damos mucho la brasa con las recetas de todos esos smoothies de verduras? Y por último, tal como sugiere el vídeo, ¿la adicción al crossfit es contagiosa? ¿A nivel zombi? ¿Qué opináis?

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Un pensamiento en “La vomitiva realidad sobre la fiebre del crossfit [HUMOR]”

  1. P.A.L.E.O.: Proyecto de Actitud hacia una Línea Evolutiva Orientada.
    Tras las dos intensas jornadas del «Summit Paleo» en Madrid, donde he ahondado en aprender más sobre la filosofía vital que promueve esta visión basada en la evolución humana, desde lo fisiológico-biológico, hasta lo psicológico-social (pasando incluso por unas sanas nociones de aseo personal), y en el viaje de regreso a San Sebastián-Donostia, venía dándole vueltas a mil pensamientos surgidos de la atenta escucha de los debates y charlas que se han desarrollado en el congreso, llenos de contenidos y sustancia. Habiendo sintonizado en empatía con las intervenciones de Paris, de Daniel, de Montse, de Carlos, de Airam… y demás ponentes, llegué a la conclusión, o me embargó la sensación, de que es necesario, llegados a este punto del recorrido de lo «Paleo», trascender las cuatro paredes de los recintos de conferencias teóricas, y de las consultas sanitarias-terapéuticas privadas, y de los locales de entrenamiento físico personalizado y también los espacios exteriores de entrenamiento de un parque, un monte o una playa, y así, saltar a ese campo más concreto e incisivo donde se hace la toma de decisiones políticas, económicas, comerciales, sanitarias, educativas (en los aspectos técnicos-científicos, así como en los asuntos de los valores antropológicos-culturales, pues ambas esferas existen inter-conectadas y se influyen mutuamente).
    Algo así como que cada uno de nosotros se convierta en altavoz o caja de resonancia, a diario, en la cotidianidad, para transmitir en los círculos donde cada uno de nosotros lo vea oportuno (sin pontificar con aires de superioridad, pero con la contundencia del rigor), los conocimientos que vamos adquiriendo (y que ni siquiera en la Universidad, ni entre los profesionales «al uso», se abordan), y al mismo tiempo, que los expertos, ya sean éstos fisioterapeutas, osteópatas, psicólogos, nutricionistas, entrenadores, o médicos, además de pronunciar conferencias muy interesantes, hagan llegar sus contenidos a instancias más poderosas (sabiendo de antemano que al principio será como luchar contra un muro, aunque seguros de que con el tiempo se irá agrietando, hasta derrumbarse, como torres mayores han caído permitiendo ver un cielo diáfano), en forma de documentos directos, bien argumentados (y con una estética atractiva y fluida, fácil de asimilar, incluyendo imágenes parecidas a las que hemos visto en el congreso, que hablan por sí mismas —vivimos en la sociedad de la imagen, y en tanto Profesor en la Facultad de Bellas Artes del País Vasco, de esto sé un poco… de hecho, imparto una asignatura que se denomina «Laboratorio de Imagen», donde analizamos este tipo de cuestiones al interior del sistema hiper-capitalista en que habitamos—), dirigidos, como digo, al ámbito político, al municipal, al empresarial, al educativo… con seminarios en Facultades, intervenciones en los medios de comunicación, etc…
    Fue muy gráfico el gesto de Paris Fernández cuando en medio de su exposición dijo aquello de: «cuando vean ustedes a una madre dándole biberón artificial a un bebé, propínenle una patada al frasco y tírenle toda esa leche falsa, le estarán haciendo un gran favor», y acompañó estas palabras con una pierna que cortaba el aire, genial. Y, asimismo, cuando planteó lo de: «¿cómo puede este hombre, estos hombres, dormir tranquilos tras el nefasto mensaje que están lanzando?», refiriéndose al Presidente de la «Sociedad Española de Arterioesclerosis», nada menos (¿en qué manos estamos?), y al Presidente de la empresa Panrico (de éste y de otros responsables del sector privado cualquier aberración se puede esperar), que firmaron un acuerdo para la «promoción de hábitos de vida saludables», como decía el cartel de fondo, sentados ambos delante de una caja de promoción de «Donuts» sobre la mesa en la que estaban estampando su firma. Aquí fue cuando me pregunté: «¿por qué todos estos argumentos que estamos escuchando aquí, en el «Summit Paleo 2016» no figuran en lo social, no son visibles, y a la gente les suena poco menos que a algo esotérico… por qué no han calado, aunque sea en forma de polémica, de confrontación y de resistencia —al modo, quizá, del activismo de un «Greenpeace»— en las conciencias de una población que dispone hoy de una formidable capacidad de información y propagación de eslóganes?».
    Y es que, nada se logra trabajando sólo en lo personal, en el interior de una consulta individual, o entre troncos en medio de un bosque muy lindo, si el contexto o la estructura de la tribu donde surge la enfermedad no cambia. Sabiendo del enorme poder de los grupos de presión, de la ilimitada capacidad de las multinacionales que controlan políticas y compran conciencias, aún así, apelo a que se salga afuera, al ring, a la arena pública: y ésta es una moneda de dos caras, ya que a la vez, implica entrar asimismo hasta el fondo de los despachos, gabinetes, y jerarquías donde se cocina el descomunal e indigesto refrito que nos hacen tragar con calzador (acompañado, claro, de refinadas artes de seducción) día y noche para que nos pongamos enfermos, niños, hombres, mujeres y ancianos, y además, arrebatándonos nuestro dinero a cambio.
    Una vez establecidas claramente las evidencias, en la relación causas/efectos, de nada sirve permanecer cual sabios entre las cuatro paredes de una endogamia que a futuro podría llegar a ser auto-complaciente, con el peligro de estancarse (podríamos seguir convenciéndonos internamente a nosotros mismos «ad eternum»): hay que salir, saltar, arrastrar, empujar, levantar… en definitiva, sacudir, menear y zarandear cuerpos y mentes, organizaciones y lobbys de presión, desequilibrar la actual situación para alcanzar otro estadio, otro balance. En definitiva, pasar a la acción y a la divulgación a otra escala. Y en este sentido, además de todas las plataformas y redes digitales implantadas y ya ampliamente operativas, son bienvenidos los órganos de difusión como la recién nacida «REVISTAPALEO»: hay que sumar a esta iniciativa entrevistas en radio y televisión, lecciones en los departamentos de Medicina y demás foros universitarios concernidos, guías para guarderías y comedores de escuelas infantiles e Institutos de Enseñanza Media, protocolos en el sector de la gastronomía y la restauración, difusión de nuestros principios fundamentales en competiciones deportivas que se transmiten masivamente con altos índices de audiencia… en resumen, copar todos los resquicios de significación comunitaria que sean posibles, adquirir reputación, y caminar con la cabeza erguida, que para eso somos Homo Sapiens Sapiens (sabedores de que, más debajo de la cabeza, nuestro intestino es mezcla de Neanderthal y Cromagnon… ¡y de otros aún anteriores!). De este modo, en un futuro a medio plazo ya no habrá que andarse con subterfugios a la hora de abordar un canal adecuado de relación paciente-terapeuta (la famosa adherencia), disfrazando con rodeos la verdad de la actitud «Paleo», tal como lo narraba Carlos Pérez, en los casos de su profesión clínica, cada vez que tiene que atender a un receloso nuevo paciente: si el trasfondo o el contexto cultural, antropológico, social y político es fuerte y de prestigio, en él podrá desenvolverse tranquilamente, con toda credibilidad, la figura de la persona «Paleo». Orientemos, entonces, nuestra evolución.
    Asier Laspiur
    asi.laspi@gmail.com

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