Por qué tus dos pulgares son tan fuertes

Ya sabes que tu pulgar te diferencia, un poquito, de tus hermanos primates. Tienes un pulgar desplazado, oponible y considerablemente más fuerte que el resto de los dedos y proporcionalmente más fuerte que los pulgares de los primates.

Hasta ahora, diversos estudios habían analizado la importancia evolutiva del pulgar en la mano percutora durante la manipulación de herramientas propias de la edad de piedra. Esto explicaba que el dedo pulgar de la mano dominante fuera robusto: la mano que martillea tiene que asir con fuerza el objeto contundente, pero ¿por qué tenemos un pulgar tan forzudo en la mano no dominante?

Un estudio recién publicado en la prestigiosa Journal of Human Evolution ha constatado la importancia del pulgar de la mano no-tan pasiva durante las tareas de tallado de piedra y apoya la hipótesis de que ese pulgar que ahora usan los diestros para teclear el número 147 en sus smartphones, tuvo, hace cientos de miles de años, una responsabilidad aun mayor.

El pulgar de la mano olvidada

Se trata de la primera vez que se estudia con tanto detalle el pulgar de la mano no dominante (la izquierda para los diestros y viceversa). En este estudio del departamento de Antropología de la Universidad de Kent, ocho experimentados talladores de piedra fueron monitorizados durante el proceso de fabricación de lascas en cuatro condiciones diferentes: varios sensores en las almohadillas de sus pulgares, índices y corazones midieron la frecuencia y la intensidad con que la muscultura de cada apéndice fue demandada. El análisis demostró que, también en la mano no-dominante, el pulgar fue requerido más veces y con más exigencia que los otros dedos para reposicionar y sostener la piedra golpeada. Esto reforzaría la hipótesis de que la anatomía de tus dos pulgares fue seleccionada evolutivamente, al menos, porque ambos recibieron mayores y más frecuentes presiones que los otros ocho dedos durante la producción de herramientas líticas.

La próxima vez que entrenes con peso muerto y levantes la barra con las dos manos, la próxima vez que balancees una kettlebell por encima de tu cabeza con las dos manos, la próxima vez que hagas una dominada con las dos manos, ¡dale las gracias al paleolítico!

Foto: Bar bending, de Rhodney Carter. Dominio público.

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