Un nuevo estudio muestra los beneficios de una dieta paleolítica contra el síndrome metabólico

Un estudio recién publicado por el departamento de Nutrición y Salud del Instituto Louis Bolk de Países Bajos acaba de analizar por primera vez los beneficios de una dieta paleolítica en individuos con síntomas del síndrome metabólico. Los resultados mostraron un impacto positivo en los indicadores clave: menor presión sanguínea, menores niveles de triglicéridos, menor nivel de colesterol total y mayor nivel de colesterol bueno.

El síndrome metabólico (MetS, por su abreviatura en inglés) es un cuadro de enfermedades y factores de riesgo que disparan la probabilidad de padecer diabetes o enfermedad cardiovascular. Entre los cuadros que concurren en el MetS están varios conocidos del estilo de vida occidental contemporáneo: hipertensión, altos niveles de azúcar en sangre, acumulación de grasa alrededor de la cintura, altos niveles de triglicéridos, bajos niveles de HDL (por simplificar, el colesterol bueno)… Entre las causas del MetS parecen encontrarse la resistencia a la insulina o el sedentarismo. En España, afectaría a más del 30 por ciento de la población.

El estudio del Instituto Louis Bolk comparó la evolución de dos grupos con MetS durante una intervención de dos semanas. En ese tiempo, uno de los grupos siguió una dieta paleolítica y el otro, una dieta basada en las recomendaciones del Dutch Health Council. Ambas dietas fueron diseñadas para mantener la ingesta calórica habitual de cada uno de los individuos para tratar de evitar pérdidas de peso —a pesar de esto, por cierto, aunque no era el objetivo del estudio, los del grupo paleo perdieron más de 1,3 kilos de media respecto al grupo de referencia—. De hecho, a pesar de no haber expresado hambre, varias personas —7 del grupo paleo y 2 del grupo de refrencia— necesitaron dosis extra de picoteo porque estaban perdiendo más de dos kilos (el límite que se habían autoimpuesto los autorees del estudio).

Hasta ahora, los estudios sobre la dieta paleo habían cuantificado su impacto en individuos sanos o en personas con obesidad o enfermedad cardiovascular; así se había comprobado su efecto positivo en la reducción de peso corporal, reducción de la circunferencia abdominal o mejoras en la respuesta a la insulina en voluntario sanos. Sin embargo, nunca se habían probado los beneficios de una dieta paleo entre grupos de pacientes con síndrome metabólico.

La dieta paleo del estudio siguió las directrices clásicas de este modelo nutricional: carne magra, pescado, fruta, verduras de hoja y crucíferas, raíces, huevos y frutos secos. Al mismo tiempo, quedaban proscritos: leche, cereales, legumbres, grasas refinadas y azúcar y sal añadidos. Los sujetos del estudio podían seguir tomando medicación y fueron autorizados a ingerir un par de tazas de té o café para evitar el síndrome de abstinencia.

El estudio no llegó a detectar variaciones en la permeabilidad intestinal, niveles de inflamación o niveles de cortisol (otros de los beneficios habitualmente atribuidos a la dieta paleo); según los autores esto podría deberse a la corta duración de la prueba. También en este incoveniente surgió un pequeño hallazgo de interés: al cabo de las dos semanas de la prueba, el grupo paleo se mostraba más dispuesto a seguir con su nueva dieta (89%) que el grupo de referencia (69%).

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