La hipótesis de la ventaja evolutiva del buen rollo. ¿Por qué todo el mundo suele estar en modo positivo?

¿Por qué la gente está normalmente de buen humor? Seguimos hundidos en una asfixiante crisis económica, atenazados por diversos sadismos políticos, amenazados por enfermedades, azotados por desastres ambientales, castigados por un sistema social neurótico… Pero la mayoría de la población, prácticamente en todo el mundo, en casi cualquier clase social, mantiene, contra viento y marea, un estado de ánimo positivo básico. Los psicólogos lo llaman positive mood offset, algo así como un cierto buen rollo al ralentí, una especie de sonrisilla interior que se mantiene apenas esbozada automática y duraderamente cuando vivimos a velocidad de crucero, en ausencia de estímulos negativos significativos. ¿Por qué no al revés? ¿Por qué no estamos básicamente enfurruñados todo el día? ¿Por qué nuestra especie no vive en un cierto letargo gris a la espera de que tal o cual alegría nos saque esporádicamente del agujero? En definitiva, ¿qué sentido evolutivo tiene este modo alegre esencial? Os presentamos la hipótesis de la ventaja evolutiva de la positividad…

Un apasionante artículo de Ed Diener, Satoshi Kanazawa, Eunkook M. Suh y Shigehiro Oishi en la revista Personality and Social Psychology aborda esta enorme pregunta en busca de una respuesta cabal y el resultado es una hipótesis deliciosa: “los seres humanos fuimos seleccionados por positividad esencial en nuestro pasado evolutivo”. Diener es uno de los más reputados y prolíficos investigadores del bienestar subjetivo —le han llamado “Dr. Felicidad”— y lleva años buscando la mejor forma de medirlo (y promoverlos a través de políticas públicas), pero en esta ocasión ha optado, junto a sus colegas, por mirar mucho más atrás, en busca de una razón evolutiva para ese positive mood offset… Hasta toparse con el paleolítico, claro.

Dato: la palabra positividad, "cualidad de postivo", no estaba en el DRAE hasta unas horas antes de publicarse este artículo.

Diener et al. emprenden su hipótesis repasando la amplia evidencia que muestra la ubicuidad y permanencia del buen humor; es decir, a pesar de los pesares, la mayoría de la gente evalúa su estado de ánimo general subjetivo como más bien positivo y aunque parezca contraintuitivo, esa propiocepción se reitera en estratos y condiciones sociales dispares. Esto no significa que la mayoría de la gente esté exultante la mayor parte del tiempo, sino, sencillamente, que la mayoría de la población siente un estado más positivo que negativo la mayor parte del tiempo, incluso cuando viven en situaciones difíciles.

Alegría, alegría en todas partes

En un estudio entre alumnos universitarios se recopilaron más de 3.000 informes anímicos y el 94 por ciento mostró algún grado de felicidad. Y lo más curioso: el estudiante menos feliz reportó cierta felicidad en el 68 por ciento de sus informes. Entre 2005 y 2011, Gallup preguntó a casi un millón de personas de 160 naciones cómo se habían sentido el día anterior: el 91 por ciento dijo haber experimentado sentimientos positivos durante la mayor parte de la víspera. Incluso entre quienes habían sufrido todo tipo de problemas graves durante el año —habían sido víctimas de un ataque y no habían tenido suficiente dinero para vivienda y no habían tenido suficiente dijnero para comer (sí, todo junto)—, el 53 por ciento dijo que la mayor parte del tiempo durante el día anterior se había sentido bien. La cosa se vuelve drámaticamente optimista en grupos duramente castigados por la tragedia: gente que ha perdido el empleo, gente que ha enviudado, gente que ha perdido un hijo, gente que ha ingresado en prisión, gente que ha quedado gravemente minusválida… Todos los estudios muestran que, a pesar de sentirse menos felices que la media, siguen manteniendo de fondo (en algún caso tras un periodo variable de pena) más humor positivo que negativo.

Mediciones más objetivas —independientes de la autopercepción de los encuestados— han mostrado indicios fuertes de que la alegría está ahí, latente, casi como el estado natural del cerebro en reposo, por ejemplo, al detectarse que en la mayoría de la población el área prefrontal izquierda del cerebro es dominante sobre la derecha (y eso es buenrollogénico). Es muy raro, casi imposible, ser infeliz todo el tiempo.

Y tanto buen ánimo, ¿para qué sirve?

Tras dejar claro que cierto grado de gozo tiende a imponerse sobre la amargura, llega la pregunta del millón (del millón de años, se entiende): toda esta dicha, ¿en qué nos beneficia como especie y qué ventaja nos da como individuos? La respuesta corta parece un anuncio contra la impotencia: sexo y longevidad. La respuesta larga, la que ofrecen Diener et al., es que el buen ánimo, en todas sus expresiones, aparece una y otra vez asociado a conductas evolutivas que habrían favorecido la reproducción y la supervivencia. Básicamente, todo se traduce en redes sociales más fuertes y extensas —familia, amigos, vecinos, colegas…— y, por supuesto, más opciones de apareamiento.

Los autores repasan estudios y experimentos sociales que han venido demostrando los beneficios sociales de un estado anímico positivo. Diversos grupos de personas a los que se les indujo algún grado de positividad mostraron, en las pruebas siguientes, mayores grados de empatía, más predisposición a la actividad, más predisposición a la interacción social, más confianza, más expresividad y oralidad, mejor predisposición a la cooperación, más capacidad de negociación y acuerdo, más altruismo, más generosidad…

“La selección natural favorece a aquellos que viven vidas largas y fértiles y cuyos descendientes sobreviven y se reproducen”, recuerdan los autores citando a George C. Williams. ¿Que cómo influyen los niveles de felicidad en estos fines evolutivos? Diferentes revisiones y metanálisis han encontrado evidencia de que la felicidad en un momento dado de la vida puede predecir grados futuros de salud y longevidad y existen diversas relaciones causales entre el buen humor y la salud —menor estrés, menor presión sanguínea, mayor predisposición a adoptar hábitos saludables (¡las personas más felices tienen mejor índice de masa corporal que los menos felices!)—.

Pero no hace falta vivir mucho para tener hijos, ¿no? ¿Qué ventaja evolutiva tiene tanta longevidad relacionada con el buen ánimo? La respuesta es, como ya apuntamos en revistapaleo.com, que los abuelos son otro logro evolutivo y una enorme ventaja adaptativa para favorecer el cuidado, el aprendizaje y la salud de la descendecia.

Sexo, sexo, sexo (y dinero)

¿Todavía andas con la cabeza gacha? Hablemos de sexo. Estadísticamente, las personas más animadas parecen tener más probabilidad de casarse y tener hijos y menos papeletas para el divorcio; tienen más encuentros sexuales y se excitan más que los ariscos ante el mismo estímulo erótico (estudio). Ya hace años que se recabaron evidencias sobre el diseño adaptativo de la cara sonriente (y de la mirada directa), esa gran catalizadora del encuentro sexual , así que si quieres ligar más, amigo o amiga paleo, sonríe (esto funciona más para los hombres que para las mujeres).

Por otro lado, en parejas con problemas de depresión, diferentes tratamientos (terapia o fármacos) aumentaron la fecundidad respecto a los grupos de control. En el otro lado de la balanza, progenitores con depresión tienen más riesgo de encontrarse con problemas durante el embarazo, el parto y el puerperio (más partos prematuros, bajo peso al nacer…).

¿Más pistas? Pues resulta que la gente que se ha sentido más feliz en la adolescencia y juventud ha acabado percibiendo más ingresos en la edad adulta y los personas más bien animadas son más valoradas en sus empleos y suelen perder el trabajo con menos frecuencia. Otros experimentos han mostrado que personas a las que se les provocó un estado de ánimo positivo tenían más capacidad para renunciar a pequeñas recompensas inmediatas a cambio de mayores recompensas a largo plazo y viceversa, personas con algo de mala uva inducida durante las pruebas se conformaron con recompensas inmediatas y mezquinas y renunciaron a bienes mayores futuros. ¿Adivinas cuál de estas dos actitudes es más ventajosa para la supervivencia de una especie? ¡Punto para Darwin!

Es cierto que nuestros ancestros del paleolítico no tenían empleos como los nuestros (probablemente había reparto de tareas y grados de especialización, pero trabajaban muchas menos horas a la semana y parece que las relaciones de dominación económica y las desigualdades no llegaron hasta que surgió la agricultura); aun así, los autores defienden que las ventajas evolutivas del positive mood offset en los trabajos modernos podía surtir los mismos beneficios en las relaciones paleoeconómicas de nuestros ancestros (necesidad de cooperar con otros, planificar a largo plazo, tener salud para cazar y recolectar…). Toda esta influencia de la dicha en la obtención de seguridad material tendría también un sentido evolutivo claro al contribuir a garantizar la supervivencia de la prole. Incluso pudo servir para potenciar dotes artísticas y creativas, lo que, citando a Miller, se relacionaría también con las motivaciones reproductivas de nuestros ancestros.

Y todo esto, ¿qué cambia?

Hasta ahora se tendía a analizar la relación causal entre emociones y beneficios evolutivos en un solo sentido: ciertas hechos externos y concretos provocaban emociones puntuales que nos servían para entender nuestro entorno y reaccionar en consecuencia. Sin embargo los autores proponen un camino complementario, pero en sentido inverso: “parece probable que alguna influencia causal lleva del estado de ánimo positivo a ciertas consecuencias”, aseguran.

Pero para poder decir que el buen rollo es evolultivo, debería ser heredable, ¿no? Pues parece que sí, que cierta predisposición a la positividad se transmite genéticamente. La transmisión genética del temperamento ha sido ampliamente estudiada en animales (y fuertemente detectada en chimpacés, por ejemplo), pero también puede verse en humanos (por ejemplo, en un estudio con gemelos de Minnesota, que analizó un gen relacionado con la ansiedad y la recaptación de sertonina.

Desde el paleolítico

Los autores se muestran convencidos: “todo lo que sabemos acerca de nuestros antepasados sugiere que sus comportamientos eran del tipo de los producidos por el positive mood offset. Lo cierto es que las sociedades del paleolítico (y el patrón también se ve en en cazadores-recolectores modernos) eran incluso muy dependientes de las relaciones sociales, tal vez más de lo que somos ahora. Era frecuente la exogamia femenina (los varones se quedaban en el grupo en el que nacían, pero las mujeres se emparejaban con hombres de otros grupos, lo que, unido a la poligenia, un hombre podía aparearse con varias mujeres, debió de estar relacionado con la histórica superioridad numérica de las mujeres en el conjunto de la población mundial).

Solo esto ya obligaba a manejar con delicadeza las relaciones entre vecinos (muy pocos y muy lejanos). Los autores señalan que hoy puedes pelearte con tu familia y amigos, cambiar de empleo y rehacer tu vida en otro círculo social con cierta facilidad (y aun así, la buena disposición sigue siendo beneficiosa), pero en el paleolítico superior era probable que tuvieras que mantener tus relaciones y alianzas durante toda la vida: con unas 30.000 personas en toda Europa, no era fácil decir eso de: “cariño, no es por ti, es por mí; creo que deberiamos empezar a salir con otras personas…”

Los autores reconocen que su hipótesis no es una explicación única, pero creen que puede completar el mapa de la evolución: “aunque nuestros pulgares oponibles, grandes cerebros y postura erguida han recibido gran atención y estudios en profundidad como razones del éxito de los humanos, es hora de considerar también cómo el buen ánimo básico puede haber contribuido”.

¿Qué opinas? ¿Sueles estar en general en modo positivo? ¿Crees que es una ventaja evolutiva? Y sobre todo, ¿crees que paleos y paleas ligamos más gracias al positive mood offset?

Foto: Smiling Samburu Girl, de Erik Hersman. Licencia CC, algunos derechos reservados.

CC BY-SA 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2 pensamientos en “La hipótesis de la ventaja evolutiva del buen rollo. ¿Por qué todo el mundo suele estar en modo positivo?”

  1. Interesante artículo!
    Como bien apuntas al final del texto, normalmente todas las investigaciones apuntan más bien hacia lo físico, mientras que pocas veces se hace mención del aspecto social en la era paleolítica.
    Creo firmemente en la determinación de tu futuro según tu estado anímico, por eso intento siempre estar de buen humor, ver el lado positivo de todo lo que me ocurre y sobretodo aceptar lo que la vida me da y escapa de mis manos.
    Un abrazo.

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