Los ‘must’ de la despensa paleo (I): Por qué amamos la coliflor

Empezamos aquí una serie de artículos en la que vamos a ir recopilando una buena lista de alimentos que no van a poder faltar en tu mesa paleo. ¿Con qué criterio vamos a nutrir este listado? Tal vez no sean los alimentos más usados en la dieta paleo, aunque sí son muy usados. Tal vez no sean una representación exacta de la pirámide paleo si tal cosa existe, pero estarían en esa pirámide si la dibujáramos. Tal vez no sean los más deliciosos, aunque están buenísimos. Tal vez no sean los más saludables, aunque son sanísimos. Tal vez no sean los más nutritivos, aunque todos tienen una buena dosis de nutrientes. Simplemente son algo así como los más característicos, los más emblemáticos, los más queridos, los ‘must have’ de una buena despensa paleo.

Empezamos por un ‘platito feo’ de la cocina actual: ¡la coliflor! ¿Por qué la amamos?

Aparentemente, se trata de una de esas hortalizas que parecen algo vulgares, ¿verdad? Incluso puede que te traigan malos recuerdos de la infancia: ese olor… Pero lo cierto es que no sabe igual que huele y, además, la coliflor tiene otras ventajas frente a verduras y hortalizas aparentemente más amables.

Con una buena dieta paleo puedes dejar de contar calorías, pero en este caso, terminarías muy rápido: una coliflor entera, de tamaño pequeño (265 gramos) tiene solo 66 calorías; en el mismo paquete viene un buen chute de fibra (más de 5 gramos), vitamina B6 (0,488 mg), ácido fólico (151 µg) potasio (792 mg) o fósforo (117 mg).

Son buenos valores, pero hay otras verduras con propiedades similares, así que ¿cuál es el gancho que nos ha llevado a colocar esta preciosa aunque vulgar Brassica oleracea en una lista de must have paleo?

Pues nos ha enamorado su utilidad para emular la textura y versatilidad de uno de esos alimentos que, quizá, podrías echar de menos en un menú paleo estricto: el arroz.

¿Cómo una coliflor puede plagiar la versatilidad culinaria de ese cereal? El arroz es, tal vez, el cereal menos rechazado por mucha gente paleo, pero si quieres evitarlo, la respuesta está en tu picadora. Cualquier procesador básico te ayudará a picar una coliflor, previamente troceada, hasta descomponerla en partes del tamaño de granos de arroz. Y si no, también puedes usar un rallador.

Una gran ventaja de este sistema es que te permite preparar una buena cantidad de ‘arroz de coliflor’ para usarlo a lo largo de varios días en momentos y recetas diferentes.

Para prepararlo, nuestra opción preferida es la sartén. vierte un chorrito de tu aceite preferido —coco, oliva, nueces…— y saltea a temperatura media-alta durante 5 minutitos, hasta que casi empiece a dorarse. Así ya tienes un ‘arroz blanco’, pero con un 80% menos de calorías: 100 gramos de arroz blanco cocido tienen unas 130 kcal, la misma cantidad de coliflor cocida solo tiene 23 kcal (por si todavía cuentas las calorías, algo que pronto quizá dejes de hacer si te animas a seguir adelante con una buena dieta paleolítica).

Si estás buscando un sustituto low-carb para el arroz cereal, el ‘arroz de coliflor’ también puede ser tu aliado. Siguiendo con la comparativa: 100 gr de arroz blanco cocido tienen más de 28 gramos de carbohidratos; la misma cantidad de ‘arroz de coliflor’ solo tiene 4 gramos. Interesante, ¿no?

A partir del arroz básico de coliflor puedes elaborar infinidad de platos: basta con añadir tu salsa preferida, otras verduras, carne, pescado, o usarlo como guarnición.

Si no lo aderezas, se quedará con un sabor casi neutro, poco invasivo, ligeramente dulce: nada que ver con el olor de la cocina… Este sabor suave te permite usar la coliflor incluso como base para pizzas o en galletas.

Dale una oportunidad, ¡te sorprenderá!

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