Una buena fogata rebaja la presión sanguínea

La relevancia evolutiva del fuego ha sido ampliamente analizada y su importancia en la historia de la humanidad es evidente: el fuego ha permitido vencer la oscuridad natural, cocinar y conservar alimentos, cazar, defenderse, calentarse y, según un buen número de investigadores, ha tenido una fuerte influencia en la socialización. También es habitual atribuirle propiedades relajantes, casi hipnóticas: ¿quién no se queda embelesado ante el crepitar de una hoguera? Sin embargo, existía una asombrosa carencia de estudios empíricos sobre la influencia del fuego como desestresante natural en nuestro organismo. Hasta ahora…

Christopher Dana Lynn, profesor de Antropología en la Universidad de Alabama (EEUU), ha realizado una serie de experimentos para medir la respuesta de nuestro organismo durante la contemplación del fuego. Los resultados acaban de ser publicados en la revista Evolutionary Psychology Journal.

Varios individuos fueron expuestos a la imagen de una hoguera, proyectada en una pantalla, sin la influencia térmica del fuego real. El resultado mostró que la presión arterial, sistólica y diastólica, disminuía significativamente con la contemplación de una hoguera, pero no solo con su observación, sino con su audición. De hecho, el grupo que fue expuesto a la imagen de una hoguera sin sonido, se mostró más intranquilo que el grupo de control, que veía una pantalla apagada.

También se observó que los individuos más sociables eran más sensibles a la hoguera, lo que podría reforzar las hipótesis que defienden la incidencia socialibilizadora del fuego entre los humanos, facilitando cierta ventaja reproductiva a quienes se familiarizaron antes con las llamas.

¿SABÍAS QUE... la primera acepción de la palabra «hogar» en el diccionario de la RAE es "sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición,etc"? La palabra proviene del latín focaris, adjetivo derivado de focus, fuego.

Así, por ejemplo, el gran Edward Osborne Wilson sugiere en su famoso libro La conquista social de la Tierra, que el hábito de levantar campamentos alrededor del fuego es análogo a la necesidad de las especies más sociales de construir y defender nidos.

Otros, como Terrence Twomey, creen que el fuego ha influido en el desarrollo cognitivo de nuestra especie y que sus beneficios habrían impactado en nuestra capacidad de planificar con antelación o de cooperar de manera gregaria (estudio).

Hay autores, como McClenon, que sugieren que aquellos de nuestros antepasdados que fueron más sensibles a los efectos hipnóticos y sociabilizadores del fuego pudieron gozar también de ciertas ventajas evolutivas (lo que, de rebote, habría podido tener alguna relevancia en el origen de las religión al conceder más éxito reproductivo a genotipos más propensos a la actividad contemplativa). Esto podría guardar relación con el hecho de que los individuos del estudio más sensibles a la hipnosis (según el test de Spiegel) también mostraron una reacción más acusada ante la contemplación del fuego.

¿Por qué es tan importante el fuego?

El autor de esta serie de experimentos hace un repaso minucioso sobre la relevancia evolutiva del fuego. Tal como explica Lynn, son muchos los académicos que defienden que habilidades tan humanas como el lenguaje, la cooperación y el crecimiento grupal surgieron sinérgicamente y pueden haber sido impulsados por la necesidad cada vez mayor de mantener vivo el fuego a medida que los humanos se desplazaron a zonas geográficas más frías tras la erupción del Monte Toba hace unos 71.000 años. Hay evidencia de que el fuego pudo ser manipulado alrededor de hace un millón de años (estudio) aunque no habríamos aprendido a encenderlo hasta el paleolítico superior, coincidiendo con la elaboración de la comunicación simbólica (estudio), así que, durante cientos de miles de años, debió de ser imprescindible la cooperación social para mantener viva la llama, lo que habría potenciado habilidades grupales como la tolerancia social, la percepción del otro como cooperador potencial, la memoria episódica para entender problemas ecológicos pasados, memoria laboral extensa para las operaciones de mantenimiento del fuego e incluso algún tipo de protolenguaje para coordinar actividades e intenciones colectivas.

Según Lynn, parece que la primera medición en laboratorio sobre el impacto psicológico de la hoguera en nuestra especie podría ser consistente con los estudios que han indagado durante décadas en busca de una explicación para entender el aspecto más emocional del fuego y su sentido evolutivo.

Y tú, ¿también te quedas absorto ante una hoguera? ¿Por qué crees que te sucede?

FOTO: Some love at the beach / Liebespaar am Strand, de Adrian Korte. Algunos derechos reservados (licencia CC BY 2.0)

CC BY-SA 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Y tú, ¿qué opinas? Deja un comentario y charlemos sobre esto...