6 trucos de cazadores-recolectores para papás en apuros

El estudio de sociedades cazadoras-recolectoras es una de las principales fuentes de conocimiento sobre nuestra evolución como especie, sobre lo que ha funcionado razonablemente bien durante unos dos millones de años. ¿Podemos aprender algo más sobre otros aspectos de la vida, como la crianza y la paternidad, observando a estos pueblos?

Aquí te dejamos algunos datos del libro El mundo hasta ayer, de Jared Diamond, para reflexionar sobre qué podemos aprender como padres (o madres) si miramos fuera de nuestro ombligo:

  1. Madres cazadoras y padres implicados: Los pigmeos aka varones son reconocidos como unos de los más involucrados en el cuidado y la crianza de hijas e hijos. La razón, como en otras sociedades cazadoras-recolectoras, parece estar en que las mujeres no se dedican solo a la recolección de frutos, sino que también desempeñan tareas de caza con redes. En general, hay más implicación con los hijos entre papás cazadores-recolectores que en sociedades donde los hombres desempeñan el rol de guerreros.
  2. Muchos criadores: ¿Estás superado por tu bebé? Seguramente se debe a que no estamos muy habituados como especie a criar en solitario o entre solo dos personas. De nuevo, las sociedades cazadoras-recolectoras parecen no tener ese problema ya que los niños se crían en grupos más amplios y abiertos (aloparentidad). Se ha calculado que un niño pigmeo aka cambia de brazos unas ocho veces cada hora, mientras que tú quizá pases ocho horas con tu bebé en brazos en un minipiso. ¿Crees que basta con criar entre dos? Un niño efé de 4 meses puede tener unas 14 personas que lo cuidan.
  3. ¿Todo el día cocinando? Los niños yora de Perú pueden comer fuera de casa, con parientes que no son sus padres, la mitad de sus comidas.
  4. ¿Pataletas y llanto? En este asunto suele haber discrepancias entre padres de sociedades occidentalizadas: algunos son partidarios de dejar que el niño llore y otros prefieren atender al llanto. ¿Qué hacen las sociedades más ‘paleo’? Los efé, por ejemplo, suelen atender a cualquier niño que llora, aunque no sea su hijo, antes de 10 segundos. Entre los bosquimanos !kung la respuesta es incluso más rápida: el 88 por ciento de las pataletas suelen ser atendidas y apaciguadas a los 3 segundos. El resultado es que los peques !kung lloran la mitad que los niños holandeses.
  5. ¿Castigar? Sobre el castigo físico existen diferencias entre diversas sociedades no industrializadas, pero parece imperar cierta tendencia: los cazadores-recolectores casi nunca pegan a los niños; las sociedades agrícolas o que pastorean castigan más. La razón podría ser que a mayor acumulación de bienes materiales, mayor riesgo de pérdidas hay para el grupo, lo que hace más severos los posibles descuidos de los menores. Así, cazadores-recolectores como los piraha, los aka, los isleños de andamán o los !kung, pero también en algunos grupos agrícolas como los trobriandeses, el castigo físico es casi inexistente o nulo. De hecho,  si un progenitor aka peque a un hijo, se considera causa de divorcio. No solo eso: se entiende que los niños no son responsables de sus actos y, por tanto, si un hijo pega o insulta a un padre durante una rabieta, no hay ninguna consecuencia.
  6. Libertad y autonomía. ¿Tienes la casa forrada de almohadillas para acolchar y redondear cualquier esquina? ¿Los cajones de tu cocina solo se abren con una contraseña de ocho dígitos? ¿Corres más rápido que Usain Bolt si ves que tu hijo se acerca un tobogán? Bueno, quizá está bien velar por su seguridad en situaciones realmente alarmantes, pero quizá te estés pasando de cuidadoso. Numerosas sociedades conceden a los niños casi la misma importancia o respeto que al resto de individuos. Así, se les permite jugar con cuchillos o machetes, con fuego, con animales o alejarse de los padres según el hábitat. Es parte de su formación vital y no se les escamotean todos los riesgos, salvo en caso de peligro cierto: por ejemplo, entre los aché, que viven en selvas tropicales plagadas de serpientes, insectos venenosos y plantas peligrosas, los bebés pasan el 93 por ciento del tiempo en contacto físico con uno de los progenitores. En cambio, en entornos más seguros, como el desierto australiano, los niños martu suelen salir solos a buscar comida; de hecho, este grado de autonomía hace que entre los martu se considere una ofensa grave imponerse a la voluntad de un niño, aunque solo tenga tres añitos.

¿Y tú? ¿Crees que podemos aprender algo de otros modelos de paternidad? ¿Te parece que que en nuestras sociedades desarrolladas hay un problema con la crianza?

Deja tus comentarios y, si puedes y quieres, comparte este artículo.

Foto: By Pierce, C.C. (Charles C.), 1861-1946; James, George Wharton [Public domain], vía Wikimedia Commons.

CC BY-SA 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Y tú, ¿qué opinas? Deja un comentario y charlemos sobre esto...