La clase social altera la respuesta inmune del organismo frente a infecciones

En una ciudad como Madrid, la esperanza de vida puede variar en hasta siete años en función del barrio en el que vivas (artículo). Esto puede deberse a muchos factores, claro: desde las diferencias para acceder a una atención sanitaria óptima, hasta las variaciones conductuales en función del nivel sociocultural (nutrición, deporte, tabaquismo…), pasando por los niveles de contaminación o disponibilidad de zonas verdes en unas áreas frente a otras. Pero, ¿y si el entorno o la sanidad no fueran determinantes? Esto es lo que han detectado en nuestros primos macacos…

El estrés de los de abajo

Un estudio que acaba de ser publicado en la revista Science, indica que otro de los factores de riesgo para los individuos en los escalones más bajos de la estructura social podría ser el estrés crónico de su estatus, independientemente de otros factores de riesgo. Los autrores recuerdan que el estatus social es uno de los predictores más fuertes de riesgo de enfermedad y muerte en los humanos, pero también afecta a la adaptación darwiniana en otros mamíferos sociales. El estudio ha llegado a identificar serias variaciones en una proteína que activa el sistema inmunitario innato (la TLr4) según el estrato social del individuo. La buena noticia es que los efectos de este condicionante social de la salud podrían ser reversibles si el sujeto ve mejorar sus condiciones de vida.

Las últimas de la fila

Los investigadores juntaron hembras de macaco que no se habían conocido nunca antes entre ellas. En seguida se estableció un orden jerárquico en el que las últimas en llegar solían quedar relegadas a los estadios más humildes.

Células asesinas

A continuación, analizaron diferentes células del sistema inmunitario y observaron cómo se manifestaban alrededor de 9.000 genes. Encontraron que unos 1.600 genes se expresaban de diferente forma en los sujetos de menor rango, en especial en las células NK, por las siglas de ‘natural killer’, asesinas naturales, un tipo de linfocito en la primera línea de defensa contra las células infectadas.

Las primeras serán las últimas

A continuación, le dieron la vuelta a la tortilla sociológica de estas macacas. Volvieron a mezclarlas en nuevos grupos con otras hembras a las que tampoco habían visto nunca, pero esta vez, las que habían sido relegadas en el primer grupo fueron las primeras en llegar y las lideresas de la manada anterior fueron obligadas a llegar tarde al juego de tronos, así que se convirtieron en individuos menos arropados socialmente.

Sistema inmune de ida y vuelta

El resultado fue curioso. A pesar de compartir el mismo ambiente, las variaciones en la escala social afectaron a la expresión del sistema inmunitario: mejoró con el ascenso social y empeoró con el ostracismo.

Según los autores, si estos mecanismos son similares en humanos, la movilidad social podría ser una forma de intervención sobre la salud tan importante como los fármacos.

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