Nueva pista sobre la pérdida de hueso con la agricultura y la industrialización

Es un malentendido habitual en cualquier conversación entre alguien ‘paleo’ ( o vegano) y un cuñado en una barra de bar:

— Si no tomas leche tus huesos se pulverizarán como si fueras Walter Donovan después de beber del cáliz chungo en Indiana Jones y el templo maldito.

Esta amenazada cuñada contiene dos errores. El primero es que el malvado y traidor Walter Donovan, en realidad, acaba pulverizado en Indiana Jones y la última cruzada. El segundo, que demasiados análisis muestran desde hace años que sociedades “prelácteas” tenían huesos excelentes.

La densidad ósea, o sea, la del hueso (me encanta esta birria de chiste) es, precisamente, uno de los indicadores más interesantes para sugerir que la salud y el estado de forma física durante el paleolítico, y en sociedades cazadoras-recolectoras, eran bastante mejores que las de sus sucesores y, en ocasiones, vecinos e invasores agrícolas.

Hola, agricultura. Adiós, densidad ósea

Se había investigado bastante y, ahora, acaba de publicarse un nuevo artículo que parece confirmar este fenómeno: el sedentarismo asociado a la implantación de la agricultura provocó una considerable pérdida de masa ósea, o sea, la del hueso.

La ley de Wolff

Que la actividad física, el movimiento y la manipulación de cargas y pesos afectan a la estructura del hueso se ha estudiado igual que comemos los paleo: hasta la saciedad (aquí, aquí, aquí o aquí). Se llama la ley de Wolff o, mejor en inglés, que suena mejor: Wolff’s Law —anda que no debe de molar apellidarse Wolff y que le den tu nombre a una ley—.

La idea es que el hueso puede evolucionar y adaptar su estructura en función de los estímulos externos que recibe a través del músculo: es la razón por la que algunos tenistas tienen el húmero como una columna salomónica, por ejemplo.

Sol, dieta y movimiento

Además de una mayor exposición al sol y de una buena aportación de calcio en la dieta sin necesidad de lácteos (algo que el paleopionero Eaton ya indagó aquí), parece que el nomadismo y el minimalismo paleo iban asociados a mayor cantidad e intensidad de actividad física: el resultado eran unos huesos sanos y fuertes mucho antes del extraño día en que algún humano se atrevió a beber leche de las mamas de otra especie —¡cómo debió de ser ese momentazo!—.

Para elaborar sus análisis, los científicos compararon la densidad de varios huesos de diferentes poblaciones del holoceno (bastante recientes), pero con estilos de vida diferentes: algunos restos pertenecían a poblaciones cazadoras-recolectoras —foragers, sin agricultura y con estilos de vida similares a los de nuestros ancestros— y otros eran de individuos de sociedades agrícolas e industriales.

Los resultados mostraron una pérdida clara de hueso en aquellos individuos de sociedades que ya habían adoptado estilos de vida sedentarios. La pérdida era especialmente acusada en articulaciones del tren inferior, probablemente porque algunas actividades agrícolas sí siguieron demandando el uso de miembros superiores.

Diferencias en la densidad ósea de sociedades realtivamente acttivas (izquierda) y sociedades que ya habían adoptado la agricultura y el sedentarismo (derecha).
Diferencias en la densidad ósea de sociedades realtivamente activas (izquierda) y sociedades que ya habían adoptado la agricultura y el sedentarismo (derecha).

 

Así que, de momento, tranquilidad: si no tomas lácteos, pero comes un montón de verduras ricas en calcio, buscas el sol y haces CrossFit, Paleotraining o similares, tienes pocas probabilidades de acabar pulverizado como Walter Donovan.


Chirchir H, Ruff CB, Junno J-A, and Potts R. Low trabecular bone density in recent sedentary modern humans. Am J Phys Anthropol. 2016;00:e23138. doi:10.1002/ajpa.23138.

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