Los hombres tienden a ser más deshonestos si ven a una mujer atractiva (y cómo ser machista con un titular académico)

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional Sun Yat-sen, en Taiwán, ha mostrado que los hombres heterosexuales tienden a volverse más deshonestos cuando ven la imagen de una mujer atractiva. El experimento es curioso, los resultados son elocuentes, pero el artículo, publicado en la revista Evolution and Human Beahviour, tiene un título para reflexionar. ¿Desliz machista?

Ya se sabía que muchos hombres pueden comportarse de manera más impulsiva y con menos autocontrol ante la visión de estímulos que puedan despertar en ellos la expectativa de mantener una relación sexual.

Ver un bikini y perder la paciencia

Se sabe, por ejemplo, que los hombres fumadores tienen más dificultades para controlar su impulso de enceder un cigarrillo ante la imagen de una mujer que pueda resultarles atractiva (estudio). O que los hombres se vuelven económicamente más impacientes y codiciosos ante un bikini que ante una camiseta (estudio).

Se ha observado también que las personas con menor autocontrol pueden desarrollar acciones más deshonestas. Al fin y al cabo, el autocontrol ha sido definido como el “músculo moral“, por su papel a la hora de anteponer las normas al egoísmo. Por lo tanto, los investigadores se propusieron dilucidar si un estímulo visual sexi mermaría el autocontrol y, por tanto, impulsaría la deshonestidad de los hombres.

Durante el experimento, 74 hombres fueron sometidos a diferentes estímulos pensados para afectar en mayor o menor medida a su deseo sexual. A un grupo se les mostró una serie de imágenes de mujeres con menos carga erótica o menos atractivas; el otro grupo recibió imágenes catalogadas como más sexis. Después, se les realizó un test de autocontrol que parecía no estar relacionado con la visualización de las imágenes de mujeres, aunque los resultados mostraron que aquellos participantes que vieron las fotos más estimulantes habían visto mermado su autocontrol.

Una moneda de más…

A continuación se les dijo que recibirían un sobre con una pequeña suma de dinero en compensación por su participación en el experimento y se les pidió que comprobaran que la cantidad de monedas era correcta antes de salir de la habitación. Pero…

A todos se les había introducido una moneda de más en el sobre. ¿Qué harían los hombres? En el grupo de aquellos que habían visto las imágenes más ‘sexys’, poco más de la mitad (54%) devolvió el exceso de dinero. En el grupo de hombres que habían visto las fotos menos atractivas, más del 78 % fue honrado y devolvió la moneda sobrante.

Trampas a la hora de premiarse

En otra prueba de los mismos autores, otro grupo de hombres también recibió diferentes dosis de sex appeal. A contnuación se les pidió que resolvieran unos pequeños test matemáticos: por cada respuesta acertada recibirían una pequeña cantidad económica. Al acabar el tiempo, debían ‘autocorregir’ su pequeño examen y coger de un sobre con dinero la camtidad de monedas que les correspondía por sus aciertos.

Nuevamente, aquellos que habían visto mujeres más sexys en las imágenes mostraron mayor tendencia a hacer trampa y birlar más monedas de las que les correspondían por sus aciertos.

¿Un estudio con título machista?

El estudio tiene su interés para ampliar el conocimiento sobre la relación entre el deseo sexual masculino y una posible propensión a la comisión de delitos o crímenes violentos. Según los autores, la posibilidad (aunque sea ficticia o remota) de tener un encuentro sexual, enturbia el autocontrol de algunos hombres, que podrían optar por atajos y trampas para conseguir recursos o estatus que les ayuden a tener más éxito sexual.

Las implicaciones morales y hasta legales de este tipo de experiencias pueden ser notables, pero con frecuencia son manipuladas y exhibidas como una «justificación» cuando solo son una mera «explicación».

¿Ellas van provocando?

Quizá no ayude el modo en que los autores han enunciado el título de su artículo. “Sexy women can tempt men down the road of immorality: Exposure to sexy stimuli leads to increased dishonesty in men“. Es decir: “Las mujeres sexis pueden tentar a los hombres a caer en el camino de la inmoralidad”. ¿Se aprecia el matiz? ¿Hay un sutil sesgo en la elección de un sujeto (las mujeres sexys) en lugar de otro (los hombres)?

El artículo podría haberse titulado también, como hemos hecho nosotros, optando por proponer a los hombres como sujeto, aunque sea de una oración reflexiva, del experimento: “Los hombres se comportan con menos honestidad y hacen más trampas después de ver estímulos sexuales”. Sin embargo, se ha optado una vez más por cargar sobre las mujeres la “autoría” o la responsabilidad del fenómeno pecaminoso: ellas son la causa y los hombres quedan como víctimas pasivas de sus encantos. Algo así como una versión desafortunada de la vieja, especiosa y temible falacia según la cual “ellas van provocando”. Una idea que parece más propia de sermones religiosos de otro tiempo que de un artículo académico salido de una de las universidades más prestigiosas de Asia.

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