Tu cuerpo se empeña en correr al ritmo que menos adelgaza

Mala suerte. Tu cuerpo está tan bien hecho que cada vez que sales a correr tiende a adoptar su velocidad óptima, es decir: aquella que supone un mejor equilibrio entre tu ritmo de carrera y el coste energético.

Ya se sabía que el cuerpo humano tiende a caminar a una velocidad óptima (estudio). Un complejo equilibrio entre tu estatura, tu peso, la morfología de tu tronco y extremidades e incluso el entorno, componen una complejísima ecuación que resolvemos instantánemante. Lo contrario, claro, nos dejaría paralizados como el ciempiés de la fábula. Somos unos excelentes caminantes.

Sin embargo, no se había analizado con tanto detalle este mismo mecanismo al correr. Un estudio que acaba de ser publicado en la revista American Journal of Physical Anthropology indica que, al correr, también tendemos a adoptar un ritmo de carrera óptimo. Sin embargo, si te has lanzado al running pensando que lo «óptimo» para quemar grasa es correr, deberías saber que tu cuerpo quizá no entienda lo mismo sobre lo que es «óptimo». Para tus genes, lo óptimo es ser capaz de recorrer la mayor distancia posible a la mejor velocidad posible con el menor gasto energético posible.

Los investigadores analizaron diferentes carreras de nueve personas, midiendo su gasto energético y la antropometría de su tren inferior. Durante tres días les pidieron que corrieran a seis velocidades diferentes mientras medían su gasto energético y que eligieran aquella con la que sentían que podrían correr cómodamente durante una hora.

El acierto de ‘escuchar’ a tu cuerpo

Los resultados mostraron una relación casi perfecta entre las preferencias subjetivas de los corredores y los ritmos de carrera que, según las mediciones, serían óptimos para ellos. Su cuerpo “sabía” a qué ritmo debía correr si quería llegar lejos gastando lo mínimo posible.

Tal vez pienses que todos eligieron su velocidad más lenta, ¿no? Esa sería, presumiblemente, la que tendría un menor coste energético. Sin embargo, la relación entre velocidad y coste energético del transporte (a pie) suele ser curvilínea: a velocidades demasiado bajas, puedes necesitar más calorías por kilómetro que a una velocidad algo superior. Y en el otro extremo, claro, a demasiada velocidad, el coste energético de tu carrera será demasiado alto para soportar grandes distancias.

¿Problemas para la hipótesis de la caza por persistencia?

Hay un debate bastante vivo en el mundillo académico que estudia el ejercicio y el running. Algunos científicos sostienen que estamos evolutivamente adaptados para correr grandes distancias sin que eso suponga un gran coste energético. Uno de los más reputados defensores de esta posibilidad —y de las ventajas de correr descalzo— es Daniel Lieberman (artículo), que suele referirse a la caza por persistencia como un ejemplo de las ventajas evolutivas que tendría el ser humano por poder correr decenas de kilómetros hasta que la presa cae extenuada y puede ser capturada sin riesgo. Según esta corriente, el coste energético de recorrer una distancia es casi el mismo independientemente de la velocidad, ya que a mayores velocidades estarías corriendo menos tiempo.

Los autores, sin embargo, creen que sus datos refuerzan la visión de una relación curvilínea (y no horizontal) entre el coste energético de una carrera y su velocidad. Repasando los trabajos de algunos de sus colegas, sugieren que habría importantes diferencias energéticas el coste/beneficio de una caza de persistencia a una velocidad subóptima, óptima o excesiva. Si a esto se añade, como recuerdan, que los cazadores de persistencia deben transportar una cierta cantidad de agua, en pieles o calabazas, lo cual significa mayor peso que transportar y que la caza por persistencia genera problemas en la carne del animal, que lo hacen menos aporovechable, el beneficio podría romperse.

Entonces, para quemar grasa, ¿qué?

Según estos datos, una larga carrera a un ritmo que te resulte cómodo parece ser una estrategia poco ‘quemagrasas’, pero si te divierte, ¡adelante! Cualquier cosa mejor que el sofá.

Por otro lado, algunos experimentos con intervalos de sprints parecen indicar que podrían quemar más grasilla que si gastamos la misma energía a velocidad moderada (estudio).

¿Qué tal si pruebas y nos lo cuentas? ¿Cuál es tu experiencia?

 

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