El dolor ya no es excusa para no entrenar, sino la razón por la que debes entrenar

El dolor crónico es uno de esos problemones silenciosos que merma la salud de millones de personas. En el mundo hay más gente sufriendo dolor crónico que otras enfermedades más «populares», como el asma o la diabetes. Puede que entre el 30 y el 34 por cierto de la población mundial esté sufriendo algún tipo de dolor crónico, definido habitualmente como aquel que dura más de 12 semanas.

El dolor, más costoso que el cáncer o las cardiopatías

Para hacernos una idea de lo que esto supone, sigamos la pista del dinero: solo en EEUU, el coste del dolor crónico para el conjunto de la sociedad (fármacos, horas de trabajo perdidas, etc.) puede ser de hasta 635.000 millones de dólares (estudio). Esto es mucha pasta; mucha mucha pasta… El dolor nos cuesta muchísimo más que el cáncer (243 millardos de dólares), la diabetes (188 millardos) o las enfermedades del corazón (309 millardos).

De los neandertales al negocio de los 22 mil millones de dólares

Es normal tratar de aliviar el dolor. Sabemos que ya en el paleolítico nuestros parientes neandertales conocían las propiedades analgésicas del ácido salicílico de las cortezas de algunos árboles (artículo). Con el tiempo, hemos ido perfeccionando la lucha contra el dolor hasta convertir nuestra búsqueda de alivio en un apasionante negocio.

Solo durante el año pasado se vendieron analgésicos por valor de 22,5 miles de millones de dólares en todo el mundo (fuente) y las expectativas siguen creciendo, así que los analistas consieran que sigue siendo una buena inversión (fuente).

Curso para recetar analgésicos (invita el fabricante)

Para que la máquina funcione hay que engrasarla. A las campañas de publicidad que puedes ver en cualquier franja horaria con llamativas nubes de color rojo sobre las articulaciones de los actores, se suma el efectivo método de regalar formaciones a los médicos sobre el uso de determinados medicamentos.

En EEUU el rey de los analgésicos opioides se llama OxyContin (oxicodona). Empezó a venderse en 1996, pero en aquel año solo recaudó unos ridículos 48 millones de dólares: calderilla en la industria farmacéutica. Sin embargo, solo 4 años después, las cifras habían cambiado bastante: el OxyContin había recaudado 1.100 millones de dólares para Purdue Pharma, el fabricante. La cosa se ponía interesante…

El milagro de la multiplicación de oxycontines

¿Qué había pasado en aquellos años? ¿Acaso el OxyContin era milagroso? En términos económicos, lo fue, pero varios estudios muestran que este medicamento nunca fue mejor que otros analgésicos (revisión). Entonces, ¿por qué ciertos médicos empezaron a recetar oxycodona como si no hubiera un mañana?

Según un demoledor artículo de la American Public Health Association, el laboratorio Purdue Pharma había impartido más de 20.000 formaciones a médicos y enfermeros estadounidenses para que recetaran más y más OxyContin. Además, había regado de millones a sus agentes comerciales más exitosos, con un programa de bonos que podían llegar a cuadruplicar el salario base de los vendedores: Purdue Pharma gastaba cada año 40 millones de dólares en bonos extraordinarios para sus representantes, cuyo número se duplicó en aquellas fechas.

En busca del médico más afín

PurduePharma llegó a torturar gigantescas bases de datos hasta detectar e identificar individualmente a los médicos más propensos a recetar opioides en cada distrito postal y así incidir sobre ellos con más fuerza.

El OxyContin funcionaba, por supuesto, de hecho, era tan bueno que la gente empezó a usarlo de maneras cada vez más creativas: ¿por qué esperar a su liberación lenta si podías masticarlo o esnifarlo? Por supuesto que funcionaba, el único problemilla es que el OxyContin resultó ser un pelín adictivo…

La masacre de los analgésicos opioides

Las autoridades de EEUU (fuente) calculan que el consumo de analgésicos legales, contando solo los opioides, causó en 2015 unas 15.000 muertes por sobredosis.

Lo has visto en las películas y series de TV —el Doctor House era adicto a la Vicodina, uno de estos superventas—, pero ocurrió en el mundo real: algunas farmacias llegaron a sufrir atracos en los que el asalatante no pedía dinero, sino OxyContin. El OxyContin tiene el dudoso honor de tener hasta su propia peli (IMDB), Oxy-Morons. La peli parece mala, pero el título está bien traido, ¿no?

La heroína rústica

El impacto en algunas áreas rurales fue tan devastador que el OxyContin acabó siendo conocido como “la heroína rústica”. Muchos pacientes, trabajadores que habían sufrido un accidente, personas mayores e incluso chavales de menos de 19 años se empezaron a enganchar a los analgésicos opiaceos mientras sus médicos tenían que aumentar las dosis cada cierto tiempo… Lo que significaba más ventas —legales— y una clientela no fiel, sino literalmente adicta.

100% de eficacia… creando dependientes

El negocio iba viento en popa hasta que un tipo de la Universidad de Washington, Gary Franklin, detectó cierta tendencia preocupante entre los trabajadores estatales de aquel Estado. Franklin detectó 32 muertes atribuibles a la ingesta acciental de sobredosis de opiáceos en un periodo de tiempo que encajaba con una tendencia a aumentar las dosis de los pacientes (artículo). Más tarde, el propio Franklin llegó a detectar que el 100 por cien de los pacientes a los que se recetaban opiodies llegaba a desarrollar dependencia

La cosa se torció un poco en EEUU para el laboratorio, que tuvo que lidiar con algunos problemillas legales que acabaron con una multa de 600 millones de dólares por haber maquillado los efectos adictivos de su pastilla, que sigue siendo perfectamente legal y que, sí, también se vende en España donde también algunos médicos y sociedades reciben amables cursillos y donaciones del laboratorio (artículo).

Frente al dolor, ¿reposo?

Durante años, justo por detrás de los analgésicos, la segunda recomendación más habitual contra el dolor ha sido el reposo. Sin embargo, desde 1987, algunas voces empezaron a mostrar cierta preocupación porque la evidencia sobre la eficacia del reposo era muy dudosa, mientras que ya eran bien conocidos los riesgos de no moverse. Los efectos secundarios de una inmovilización, ¿eran un precio justo o un pago excesivo que empeoraba la vida de los pacientes?

En quel año, la Sociedad Internacional para el Estudio de la Espina Lumbar le dio un premio (patrocinado por Volvo, no por una farmacéutica) a un escocés que decía (aquí) que, tal vez, la vieja recomendación de reposo era una mala idea para los pacientes con lumbalgia, una de las afecciones más habituales en el mundillo del dolor crónico. Desde entonces, muy lentamente, algunas (pocas) investigaciones han buscado mejorar la vida de los pacientes con dolor crónico a través del ejercicio.

¿Ejercicio contra el dolor? Podría funcionar…

Ahora, justo 20 años después, un grupo de científicos acaba de publicar una interesante revisión de revisiones sobre los efectos del ejercicio y la actividad física en pacientes con dolor crónico.

Dos cosas llaman a atención: la primera, que siendo un problema de salud masivo y con un coste económico enorme, los autores lamentan la falta de más estudios y de mayor calidad sobre este asunto; si el ejercicio, el deporte o la actividad física funcionan contra el dolor crónico, estaríamos ante un ahorro sanitario de dimensiones extraordinarias (aunque alguien tendría que dejar de ingresar el dinero que cuestan los analgésicos, claro).

Por otro lado, a pesar de la escasez de estudios mejor diseñados, este equipo ha detectado un regero de pistas esperanzadoras para que millones de personas en el mundo puedan mejorar sus vidas:

  • La severidad del dolor mejoró en la mayoría de los casos.
  • La funcionalidad física mejoró en nada menos que 14 revisiones.
  • La calidad de vida mejoró o no mostró ningún empeoramiento en las diferentes revisiones.
  • De 18 revisiones, solo un 25% mostró algún evento adverso puntual, con mejoría y remisión al cabo de unas semanas.

En definitiva, bastantes indicios apuntan a que el ejercicio físico podría ser un tratamiento y/o complemento eficaz, seguro y barato en la lucha mundial contra la pandemia del dolor crónico, por no hablar de su rol en la prevención. ¿Seremos más fuertes que la presión de los fabricantes?

 

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Un pensamiento en “El dolor ya no es excusa para no entrenar, sino la razón por la que debes entrenar”

  1. Muy buen artículo. Lástima que no se hagan más investigaciones al respecto. También triste que los médicos no se actualicen…

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