¿Hay caca en tu mojito? ¿O hay caca en todas partes y tu mojito es caca en sí mismo?

Un reciente artículo acaba de sembrar una de esas pequeñas y casi divertidas alarmas sociales, muy propias del verano, por la presencia de bacterias fecales en productos de consumo popular. Es la misma picota por la que ya pasaron las tartas de Ikea o algunas bebidas de Starbucks: esta vez le ha tocado a los mojitos que sirven algunos vendedores ambulantes en la playa de Barcelona.  Pero ¿realmente hay caca en tu mojito? ¿O hay caca en todas partes y tu mojito es caca en sí mismo? Es más, ¿puede haber un poco de caquita también en el periodismo?

El diario EL PAÍS pidió a un laboratorio que analizara un mojito, un bocadillo, una empanadilla y una sangría comprados a los camareros irregulares que sirven aperitivos y refrescos a los bañistas. El resultado indica la presencia de poblaciones de bacterias en concentraciones superiores a las permitidas. El titular estaba cantado: “Los mojitos de las playas, nido de bacterias fecales”.

Mi primer recelo tiene que ver con la elección del foco mediático: el periodista de El País puede elegir investigar a quien le dé la gana y, por las razones que sean, ha elegido poner el foco del diario más influyente del mundo en español sobre un grupúsculo de personas desprotegidas, a menudo migrantes, que sobreviven con un autoempleo precario o bajo el control de pequeñas mafias, en una situación de extrema precariedad, en riesgo de exclusión, sin derechos laborales y en condiciones de vida deplorables. ¿Podría haber analizado los cacahuetes de algún chill-out elitista o la cocina de un restaurante con ínfulas o la calidad alimentaria de las grandes multinacionales que se anuncian en sus páginas? Sí, pero desde su vocación de servicio público ha decidido que había que investigar los bocatas de playa. Y lo cierto es que, oh, sorpresa, tienen concentraciones de bacterias mucho más altas de lo permitido.

¡Camarero, hay una bacteria en mi sopa!

No digo que la presencia de bacterias en estos productos no sea un problema de salud: lo es. Es un asunto serio y los datos del laboratorio son los que son —aunque por supuesto no ha sido un proceso académicamente impecable, solo un análisis aislado e informal para dar soporte a un artículo periodístico, no académico—. Solo en EEUU, cada año mueren unas 3.000 personas por enfermedades transmitidas por los alimentos, principalmente, infecciones por bacterias, virus y parásitos (fuente). Es un buen tema sobre el que escribir, pero ¿es para alarmarse?

Los datos que ofrece el artículo no son muy completos y parecen centrarse en la bacteria E. Coli —solo cita escueta y ambiguamente que el laboratorio ha “comprobado” la presencia de salmonella s.p., y lysteria monocytogenes, pero no indica si el resultado de la comprobación fue positivo—. Pero, vaya, eso de la bacteria E. Coli suena fatal y, según tu cuñado, es algo que sale del intestino, ergo es caca, ¿no?

E. Coli por doquier

En efecto, el habitat original de esta bacteria es el intestino, pero no es su único habitat, de ser así, obviamente, moriría en los mojitos y empanadillas. El E. Coli puede vivir más allá del culo y, lamento decírtelo, está por todas partes, sobre todo en la cocina de tu casa —estudio. Tu nevera, tu encimera, tus estropajos y bayetas, tus abrelatas, tus espátulas de silicona, tus táper, tu batidora… Me apuesto un mojito a que hay más E. Coli en tus trapos de cocina o en tu tabla de cortar que en una samosa de playa. Y no solo en tu casa. Si vamos a la redacción de El País y analizamos la moqueta, los picaportes, los teclados de los ordenadores, las salidas del aire acondicionado, las tazas del vending o la bandeja del microondas, a más de un héroe del periodismo libre le entrarían arcadas.

E. Coli, el asesino silencioso

Todo es un asco, ¿verdad? Verdad. Pero ¿es grave, doctor? Como dirían los genios de Muchada Nui, no, no es grave, es grava, gravilla…

Según datos del Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades, esta bacteria —en concreto su variante más letal, porque la mayoría de sus cepas son inofensivas— mató en 2014, en toda la Unión Europea, a unas 7 personas, sí, siete. Sin ningún cero a la derecha. Como motivo de alerta, parece un poco chapucero. Es más, la presencia de E. Coli en tu intestino es necesaria y beneficiosa para tu salud (artículo) y, de hecho, es una de nuestras compañeras de viaje más interesantes—. En realidad, el E. Coli se suele buscar en los análisis, más que como una fuente de riesgo, como un buen indicador de que podría haber otros patógenos más serios.

Como decíamos, además de la E. Coli, El País solo cita —de manera demasiado sucinta— la salmonella y la listeria. Estas dos son más chungas: la primera mató en 2014 a unas 65 personas y la segunda, a 210 en toda la Unión Europea. Con 500 millones de habitantes bebiendo mojitos y comiendo samosas que vete tú a saber por qué manos han pasado, tampoco parece que dé como argumento para una peli de catástrofes. Por no hablar, una vez más, de que estas bacterias están muy presentes también en muchos rincones y utensilios de tu propia cocina.

Entonces, ¿me pido un mojito en la playa?

¡No! ¡No te pidas un mojito en la playa, ni una sangría, ni un bocadillo de choped! ¡Por supuesto que es una insensatez! Pero no necesariamente por la falta de higiene… Es muy probable que, si te pides alguna de estas guarrerías, el verdadero riesgo para tu salud no sean sus bacterias, sino el alcohol y el azúcar. La UE estima que el primero mata cada año a unas 195.000 personas (fuente) y el azúcar, solo a través de los refrescos, causa una cifra parecida de muertes anuales en todo el mundo. Tal vez haya caca en tu mojito —y tal vez la has puesto tú allí cuando metías el dedo para remover el hielo—, pero aunque no la hubiera, seguiría siendo una mierda para tu salud. ¡De nada!

Moralina: Si te dan miedo las bacterias, espera a leer esto

¿Recuerdas que las enfermedades transmitidas por alimentos causaban unas 3.000 muertes anuales en EEUU? Tal vez este dato asuste, pero es una cifra que palidece si se compara con otras causas de muerte: 245.000 muertes anuales son atribuibles al bajo nivel educativo, 176.000 a la segregación racial, 162.000 a la falta de apoyo social, 133.000 a la pobreza individual, 119.000 a la desigualdad salarial y 39.000 al nivel de pobreza en el entorno de las víctimas (fuente).

Así que si vas a la playa y de verdad te interesa la salud pública, además de evitar los mojitos —o los helados, refrescos y snacks que se anuncian en El País— quizá puedas preocuparte más por pensar en cómo reducir la pobreza extrema y la exclusión social de las personas que malviven vendiendo mojitos de mierda para turistas y periodistas

 

CC BY-SA 4.0 Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Y tú, ¿qué opinas? Deja un comentario y charlemos sobre esto...